PENSAMIENTOS E HISTORIAS

ENAMORADO DE LA LUNA
 
Y asi es como empece a sentirme segura, asi es como te buscaba, salía todas las noches solo para buscarte, mirarte y que con tu resplandor iluminaras mis ojos, aunque ya se iluminaban y brillaban al verte.Para que iluminaras mi ser, mi alma y sentir como tu energía recorre por todo mi ser.
Alumbras mis noches sin que te lo pidiera.
Y asi es como comencé a encariñarme y a quererte mas y mas, a tener un sentimiento inexplicable, miraba tu cara, tu dulce y hermosa cara.
No me cansare jamás de verte todas las noches ,cuando salga a caminar, porque eres quien me acompaña en mi soledad, quien conoce las únicas veces que he llorado sin que nadie me vea, llorando en silencio, asi como sonreía por recuerdos, por tenues recuerdos.
Seguro que te vere hasta mis últimos momentos de mi vida, quisiera que estuvieras todo el tiempo, pero te vere en el mismo lugar o en cualquier lugar, este donde este ten seguro que yo te buscare, y nos veremos cuando se oculte el sol.
Sin duda, si no fuese por la gravedad me lanzaría al cielo para dormir junto a ti.
Solo podras tenerme a kilómetros, al igual que yo a ti, mientras que el aire acaricia suavemente mi piel, mi rostro. Mientras que las olas del mar me den relajación me hagan flotar sobre sus enormes mantos de agua, mientras que el sol me de calor cada minuto hasta que se esconda, mientras que a ti las nubes te visten para que nadie te vea, para que nadie pueda contemplarte, pero yo con todo este amor podre verte hasta en los mas tenues resplandores, mientras que te apoderas de las noches, y que el frio corra por todos los lugares.
Estare siempre para buscarte, asi es como empece a enamorarme.
Siempre brindando romanticismo, y envuelta de una gran belleza como lo es la noche, pues, que puede hacer un simple humano enamorado de la luna.





EL PARAÍSO

Abri los ojos, y me encontré con un bello paisaje, lleno de bosques verdes, flores con vivos colores, aves cantando , mariposas volando, árboles cuyas hojas se movían al son del viento, fui caminando y me encontré con una gran cascada, con el agua muy linda y cristalina, y al beberla, fue el agua más pura que pude haber bebido, al mirar al cielo, observaba su color celeste y sus perfectas nubes que lo acompañaban, y no debe faltar el sol brillando y dando calor y energía a las plantas y animales.
Mientras iva avanzando sin rumbo sin ningún sitio fijo, me encontré con una bella casa, de madera claro, no era grande pero para mi era acogedora, entré y noté que en el techo había un hueco, de ahí entraban los rayos solares, era como un baño de energía, se podían notar sus colores ya que aquellos rayos de luz eran de varios colores, en pocas palabras: como un arcoíris. Fue hermoso y al ir a mi habitación me recosté, y cai dormida.
Y cuando desperté no vi mas que mi habitación, electricidad, y todo lo del mundo actual, y al asomarme a la ventana observe el cielo, y pues vi nubes vestidas del humo negro de la contaminación ,y me di cuenta que el paraíso no es un lugar, sino un sentimiento 






EL AMOR, LA ÚNICA MAGIA Y RELIGIÓN UNIVERSAL

A mi temprana edad de 4 años, en una infancia muy intensa en la que experimentaba  el shock emocional al presenciar escenas negativamente conmovedoras al ver a mi padre enfermo y con capacidades físicas cada vez menos móviles; mientras mi madre y él sufrían un proceso de separación, proceso del que fui el único perjudicado pues de la noche a la mañana me vi sin el calor de mi madre y pasé toda mi infancia y mi juventud extrañando su presencia, su asistencia, su calor y su amor.
Fue toda esta experiencia fuerte, que produjo una baja espantosa en mi sistema de defensa, mi sistema inmunológico simplemente colapsó y al poco, aún sin cumplir los 5 años de edad, me vi fulminantemente atacado por una infección renal: Glomérulo-Nefritis, me dijeron.
Tal infección, para aquel año de 1976, simplemente era mortal y sin muchas expectativas: 3 años de vida fue mi pronóstico, diagnóstico que si bien es cierto nunca se me confesó (solo en ese entonces, pues mi padre me contó muchos años después), las miradas y atenciones de mis familiares me transmitían sensaciones no muy halagadoras. Entiendo cómo hubo de sentirse mi componente familiar al saber que llegaría máximo a mis 7 años de edad.
Sorprendentemente, a esa edad, poseía una aberración natural casi sobrehumana a los medicamentos tradicionales, los guardaba todos, no me los tragaba, los dejaba debajo de mi lengua y luego los depositaba, cuando nadie me veía, debajo del colchón. Mi única paz era estar solo conmigo mismo, no necesitaba sino solo el amor de mi madre, que estaba muy lejos de mi. Ay, si en esa época hubiera existido la magia del internet. Solo suspiro recordando la fuerte sobrecarga de emociones que ese pequeño y frágil niño experimentaba, y la piel se me eriza y todo mi ser se espeluzna. Lloraba todas las mañanas, todas las tardes, todas las noches; los familiares a mi alrededor solo podían traducir, relacionar y atribuir ese sufrimiento a la enfermedad misma. No, nadie sabía que no era el riñón, ni el dolor intenso muscular que me impedía movilidad, no, nada de eso; era mi pequeño pero gigante corazón que solo anhelaba la medicina del abrazo de mi madre, de un “te amo” susurrado al oído, eso era todo lo que necesitaba. Pero desde aquel entonces aprendí a sentir la fuerza de mi espíritu, quien a través de mi alma susurraba en mi interior, y me proporcionaba palabras de aliento, de fuerza, de coraje, de fe, de esperanza, de sentir que mi presencia en el mundo debe ser por algo más que por el simple “vivir”. Así aprendí a inyectar fortaleza, alimentándome a mi mismo de la voluntad y de la certeza de que algún día todo ese sufrimiento serviría de algo, para algo.
Así, ese niño conforme pasaban los años iba mejorando en semblante, en salud, en fuerza física, en fuerza anímica, llegaron los 7 años de edad, y ante la observación de toda la familia, atónita, llegué a los 8 años con una fuerza arrolladora. Médicos, doctores: ¿Qué tienen qué decir?, pues no lo sabemos, decían, solo que su riñón “milagrosamente” se ha auto regenerado. Ha podido restablecer su funcionamiento de purificación de sangre y trabaja muy bien, no al ciento por ciento pero es suficiente para llegar hasta los 18 años y recibir el trasplante de riñón necesario. “¿Cómo? Me repetía una y otra vez, si he franqueado la puerta de la muerte anunciada médicamente, no habrá ningún trasplante, he dicho”, me lo repetía una, y otra y otra vez hasta convencerme de que estaba y estaré completamente sano.
A mis 10 años de edad, un niño fuerte, lúcido, cuyos anhelos surcaban y cruzaban todo el universo, tuve mis primeros encuentros místicos, “esos seres” que visitaron mi dormitorio algunas veces, venían a dejarme mensajes llenos de cosas que no lograba entender, me preguntaba yo mismo si no estaba con algún desorden mental, pero eso sí, no se me iba a ocurrir nunca consultar a los “adultos” (adultos, esta palabra me causaba gracia, pero si les veía como a pequeños niños inocentes), no, ellos me dirían que son alucinaciones y como tuve una infancia dura, podría ser resultado o un residuo psicológico. No, mi mejor decisión fue disfrutar de aquella locura. Entre uno de esos mensajes, me hablaban del amor, de su fuerza, alcance y capacidad. Mi interior lo traducía como: “solo ama y nada más”, se tu mismo y da amor.
A esa edad, y con todas esas vivencias, no encontré mejor actividad que relegarme, esconderme, apartarme en momentos íntimos y disfrutar de mi mismo, de mis sensaciones, de las que estas tenían para contarme y enseñarme. Así adquirí la costumbre de subir a la terraza de la casa de mi abuelita donde me crié, a recostarme y fijar la mirada en el firmamento (la Cruz del Sur me imantaba), anhelando algo que está fuera de mi pero que siempre la sentí con fuerza, como que es de mi propio interior, a experimentar eso que nuestro hermano rector Roberto menciona cuando habla del alma, que se llama el “síndrome de desarraigo”. Pero la diferencia entre los adultos y yo, es que yo sabía que no era locura, que esa sensación poderosa, intensa e interna, proviene de un acontecimiento real, palpable y normal a la vez. Mensaje recibido!!! Siempre en estas experiencias místicas sentía cómo se desbordaba de mí una sensación indescriptible, única y peculiar; y siempre era el mismo resultado: “ama, da amor, vive en función del amor, el verdadero amor”.
A mis 12 años de edad, mientras entraba en la adolescencia, y fui un gran deportista, medallista y campeón de natación en mi país; por mi padre me enteré de otra amarga realidad. En su enfermedad había sido diagnosticado 2 años de vida, el proceso degenerativo de su afección producida por 2 tumores cerebrales el cual uno fue imposible extirparle, pues se encontraba en toda la médula espinal y cerebro, ya había alcanzado su máximo. Pues bien, le dije: “eso no va a ocurrir, debes amarte con todas las fuerzas de tu alma, y verás como todo marcha bien. Mírame, no acaso soy ejemplo para ti, de que con fe, ganas y amor todo se puede”.
Era cierto, para mi padre, mi milagroso proceso era un ejemplo, ahora él entendía que ese milagro no viene de afuera, sino de adentro, y se vió contagiado por mi particular forma de ver la vida, y supo conllevar su enfermedad con ese “algo” que recibía de mi pero que no lograba comprenderlo, solo sabía que era algo muy especial. Pasaron los dos años, y los médicos que le operaron el un tumor que si era capaz de ser extraído, en el hospital de Chicago, se asombraron de su supervivencia, y emitieron una carta en la que festejaban su vida, pero que clínicamente al no poder ser explicado bajo la ciencia médica, le requerían algunos exámenes para estudiar su caso. Así lo hizo, y la respuesta de sus doctores se basó únicamente en que el tumor se auto aniquiló y estaba en proceso de desintegración, pero, que dicho proceso le llevaría a decaer físicamente y luego tendría nuevamente que aprender a usar todas sus funciones móviles a través de terapias musculares y gimnasia progresiva.
Científicamente, nunca supieron diagnosticar el proceso exacto de cómo ese tumor se auto aniquiló, solo afirmaron ser testigos del poder mental de una persona que realmente desea vivir. El se convirtió en todo un personaje para un grupo de médicos que en aquel entonces, lideraban el inicio de la cirugía láser en la universidad de Chicago.
Lamentablemente, mi padre falleció a mis 17 años de edad, por otros motivos y otras causas, pero vivió lo suficiente para entender qué es lo que yo deseaba transmitirle, ese mensaje de que la medicina universal es únicamente el amor, el amor a la vida, a la creación, al futuro incierto pero con fe en ese mismo amor. Al año siguiente, a mis 18 años, nunca jamás necesité ser diagnosticado de ningún trasplante de riñón, mi salud se había fortificado, fortalecido y restablecido en todos esos años. “Por ti y para ti padre mío”, le dediqué mi salud, en honor a esas experiencias que nos unieron providencialmente como padre e hijo, porque a pesar de que en línea de sangre él era mi papá, siempre sentí que mi alma estaba para protegerle, para animarle y serle yo mismo el modelo de inspiración. Así fue, por eso me quedé huérfano con mucha satisfacción, pues el amor que había aprendido a sentir en toda mi experiencia iba más allá de los límites de la poesía, de la ciencia, de la religión; cruzaba tiempos y espacios, y estaban ahí para ser la medicina de mi padre durante la eternidad. Se que a donde se haya ido, se llevó mucha carga de ese alimento para su viaje. Y desde entonces, mi única y verdadera religión es Amor, la única magia que de verdad hace milagros y prodigios, y desde ese momento supe que mi vida estaba destinada a entregarme al amor, para ser portador del amor, distribuidor del amor, generador de amor. Y eso se reconoce en el simple hecho de haber venido a este mundo, aquí y ahora, precisamente a un mundo lleno de odio, maldad, ira, celos, envidia y demás. Esa es nuestra razón de ser, y así lo sentí también cuando sentí el llamado de la caballería espiritual, pues un guerrero universal debe estar forjado en el amor, estandarte de nuestra señora y jefe, nuestra madre universal.

Como bien lo dice mi mejor amigo, Roberto: “Con una Jefe así, dirigiendo el timón de nuestra aparentemente frágil embarcación, cualquier peligro puede ser sorteado y cualquier adversario, abatido”.

Ahora tengo 40 años de edad, soy padre de 3 hermosos hijos que les he inyectado esa semilla del amor a través del alimento emocional, entreno natación de alto rendimiento, lucho día a día al igual que todos nosotros, y seré siempre la prueba caminante de que el amor es magia, pues mi vida misma está llena de amor y el cielo me ha dado a la gente perfecta a mi alrededor. Y actúo en función de que no quiero solamente vivir, sino VIVIR. 

Y por eso me siento muy feliz de ser un GUERRERO DE LA LUZ. ¡Para eso mismo he venido!

El AMOR lo puede todo, lo cura todo, lo crea todo.

Carlos Proaño

LA ESPERANZA LEVANTANDO AL AMOR HERIDO.

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